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martes, septiembre 27, 2022
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Desarrollo sostenido, el desafío del país frente la Hidrovía

Hace algunos meses, expresamos que la Hidrovía era una infraestructura que genero efectos muy positivos no solo para el sector agroexportador sino para el conjunto de la economía argentina al configurar un complejo que es clave para nuestra balanza comercial. Básicamente, una obra de infraestructura con centralidad en el dragado que mejoró sustancialmente la logística de exportación.

La importancia de esta infraestructura se complementó con el despegue de nuestro campo que se apuntala también en la siembra directa y los avances tecnológicos incorporados. Por esta razón Ricardo Sánchez la distinguió como una obra necesaria aunque no suficiente para el desenvolvimiento de nuestro sector externo.

Cuando se comenzó a hablar de Hidrovía, se despertaron algunos mitos relacionados con el cuidado del ambiente basado en las obras de dragado que originalmente se desarrollaron sin las aprobaciones ambientales necesarias aunque luego, no se evidenciaran impactos significativos.

De ahí a una estampida de alarmas planteadas con liviandad hubo un solo paso. La hidrovía pasa a ser un canal de navegación donde se albergan los siete demonios que se atribuyen a todo lo que es grande en economía, megaempresas, megamineria, grandes extensiones, todos adjetivos que identifican las maldades del capitalismo y que se sobreimprimen en una visión limitada del concepto del desarrollo sostenible al que se le otorgan solo funciones de prevención o mitigación en un absurdo desguace conceptual que le quita la visión de configurar un elemento útil para el desarrollo de un nuevo paradigma mas asociado con lo verde y que se inscriba en la agenda urgente de la descarbonización.

Un solo ejemplo, porque de la relación de la hidrovía con la sostenibilidad ambiental nos ocuparemos en lo sucesivo (que pasaría si el volumen de la producción de la Pampa Húmeda tuviera que ir hasta los puertos de Quequén y Bahía Blanca transportados en camiones y que pasaría si la fila de camiones en nuestra región fuera aun mayor al no contarse con el complejo de crushing más eficiente del mundo.

La sola mención de la palabra hidrovía despertó críticas y ataques que oscilaron entre el desconocimiento y la tergiversación de análisis y conceptos desde sectores de la política bastante explicables ante la ausencia de presencia del tema en la agenda pública. Sin embargo desde el ambientalismo también se desplego una critica despiadada, que registro muy pocas excepciones donde la noción del desarrollo sostenible apareció de manera oportuna.

Faltaron tanto una visión clara como una agenda proactiva sobre el fenómeno. El cambio climático luego del reciente informe de los experto de las N.U. demuestra que en nuestro país se limitó el problema a políticas de mitigación y adaptación, descriptas con inusual claridad por Eduardo Barrera, quien fue durante el gobierno de Alfonsín su Secretario de Minería.

La mitigación asume la inevitabilidad del impacto y ni siquiera explota la posibilidad de prevenir, la adaptación conlleva a la convivencia con el problema.

Parece entonces que el Desarrollo Sostenible se limita a una cuestión de supervivencia y no necesariamente de Desarrollo en su sentido amplio, ignorando así las considerables oportunidades de desarrollo económico y empleo para nuestro País.

Ahora que la alarma de las N.U. sobre la situación del Cambio Climático ha puesto en evidencia el problema, la única solución posible frente a esta amenaza es la transición a nuevos paradigmas económicos que no dependa del carbón y de otros recursos no renovables para la generación de energía, en otras palabras la descarbonización de la economía.

Por primera vez, todas las economías mundiales tienen un propósito común y una meta cuantitativa explícita: la neutralidad de las emisiones de gases de efecto invernadero. Existe un consenso en la mayoría de los países sobre la hoja de ruta a seguir ya que no hay plan B para el Planeta.

Como dice la declaración de la Comisión de Economía del Radicalismo que nos parece conveniente resaltar. Es necesario un nuevo equilibrio entre el Estado y el Mercado, con planificación indicativa aceptando que el mercado sigue siendo un aceptable mecanismo de recursos escasos pero subordinado a la consecución de un fin político último determinado por los Estados Salvar a la Tierra y Salvar a la gente. Esto vale tanto para la administración Biden como para Europa en su Pacto Verde o China con sus planes Quinquenales.

En esta visión no figura en ningún lado la necesidad de dejar de producir, solo que hay que hacerlo con regulaciones y no con prohibiciones, la Argentina tiene una palanca importante en la Hidrovía, que reemplaza miles de camiones en las rutas pero que puede sacarlos casi del todo en distancias cortas si se reconfigura la matriz de transporte dándole preponderancia al transporte por agua, que a nivel global encara la transición energética y debe dar esos mismos pasos por la recuperación de nuestra marina mercante nacional.

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