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sábado, agosto 13, 2022
Grupo OAPCE

Visión global de la infraestructura

El trabajo trata de lo que a mi criterio es uno de los dos temas de la agenda mundial -junto con el cambio climático- que va a jugar un papel decisivo en esta etapa de la globalización: la llamada infraestructura de conectividad. Tanto de uno como del otro lado de la grieta que se ha abierto con la guerra en Ucrania, sobre todo en Occidente, se están acordando políticas al más alto nivel de la gobernabilidad, para poner en marcha iniciativas de gran alcance tanto en los montos dispuestos como en su extensión en tiempo y espacio. Aunque parezca lejano no lo es. El 2050 es el término que aparece en forma insistente en el establecimiento y puesta en marcha de megaprogramas que en apariencia están más allá de la imaginación que uno pueda desplegar en las cuestiones del largo plazo. Sin embargo, son esas políticas las que al final determinan las cosas de todos los días, incluso a nuestro nivel. Amerita intercambiar pareceres para saber dónde nos vamos parando.

A pesar de no ocupar los titulares, en los últimos tiempos la problemática de la infraestructura de conectividad ha ido incrementando su vigencia. Cuando hablamos de infraestructura, nos referimos al conjunto de medios técnicos, servicios e instalaciones necesarios para el desarrollo de una actividad o para que un lugar pueda ser utilizado. Por el contrario, el significado de conectividad no es tan obvio. La RAE dice que, en diversas especialidades, es la capacidad de conectarse o hacer conexiones. Una definición muy poco ilustrativa. Veamos mejor un ejemplo.

Para ir en avión de Resistencia a Santiago del Estero, a pesar de que ambas capitales están separadas por 620 Km, no hay vuelos directos. Es menester pasar por Buenos Aires lo que demanda un recorrido adicional de 1400 Km.

De esos ejemplos hay millones en el mundo. La conectividad existente en la mayoría de los países no se condice con la globalización; está asentada en configuraciones heredadas de formaciones económico-sociales de otras épocas (coloniales, neocoloniales o imperialistas), que fueron concebidas más para expoliar distinto tipo de recursos que con el objetivo de ampliar las oportunidades en mercados internos de baja sinergia y alta entropía. Es incalculable el costo económico de estas disfuncionalidades aún no resueltas. Esas verdaderas aberraciones constituyen un problema que atrae la creciente atención de las esferas dirigentes a nivel global.

La infraestructura de conectividad (IC) puede ser una carretera, una autopista, un ramal ferroviario, un puerto, un tendido eléctrico, una hidrovía, etc., es decir, todo lo que hace posible las conexiones por lo menos entre dos puntos. Con menor grado de materialidad también lo es una ruta aérea o la comunicación digital, en tanto haya algún tipo de dispositivo emisor/receptor que puedan establecer contactos para la circulación de información, personas o cosas por un medio de transporte. Incluso se puede ir más allá en la desmaterialización. ¿Las expectativas humanas no pueden también generar conexiones entre un deseo y algo que lo pueda satisfacer? ¿No hay intercambio de información entre ambos puntos, por ejemplo, entre el reflejo cerebral de los aromas que percibe el epitelio olfatorio, y la imagen provocativa de un bombón de chocolate al emitir sus envolventes efluvios?

La aparición de la problemática de la infraestructura de conectividad en la agenda global se da en el 2013 en la Cumbre del G20 en San Petersburgo. Durante 4 años tuvo una presencia relevante en las declaraciones de los líderes del G20, hasta 2016 en China. En la declaración final de la Cumbre de Hangzhou se afirmó: “la conectividad de la infraestructura es fundamental para alcanzar el desarrollo sostenible y la prosperidad compartida. Respaldamos la Alianza Global para la Infraestructura de Conectividad lanzada este año, a fin de mejorar la sinergia y la cooperación entre los diversos programas de conectividad de infraestructura de una manera holística”. El párrafo, que tiene una densidad conceptual inocultable, contempla cinco aspectos claves: alianza, nivel global, sinergia, cooperación entre diversos programas de conectividad, enfoque holístico. La manifestación de los líderes de los países que aportan el 85% del PBI global adquiría así una importancia decisiva y estratégica al realizarla en el país donde se está produciendo una transformación ciclópea en materia de ordenamiento territorial.

¿Un cuento chino?

Conocida como la Nueva Ruta de la Seda, la iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI) es una estrategia de desarrollo de infraestructura global adoptada por el gobierno de la República Popular China (RPCh). Fue presentada en 2013 con dos modestas actividades, una en la capital de Kazajistán, Astana (hoy redenominada Nur Sultán), y la otra en Yakarta, la capital de Indonesia. Los ribetes del programa se fueron definiendo con el andar. Al principio fue visto como un megaproyecto ferroviario para incrementar la conectividad china en Asia, y de ella con Europa; sin embargo, pronto la percepción de sus objetivos se fue ampliando. En 2017 se hizo el lanzamiento oficial con todo el boato con que los chinos son capaces de montar sus actividades protocolares. Con ese motivo se reunieron en Pekín representantes de 110 países de los cuales 29 fueron jefes de estado y primeros ministros. A esa altura el BRI ya era considerada un ambicioso proyecto de infraestructura de conectividad de 1 billón (millón de millones) de dólares. El interés por la iniciativa fue creciendo. Dos años después se hizo la Segunda Cumbre del Proyecto con la presencia en esa oportunidad de enviados de 150 países, entre ellos 37 jefes de estado y primeros ministros. Fue una muestra de la importancia atribuida a la iniciativa.

Si bien Nueva Ruta de la Seda es un programa insignia de la RPCh, no cabe duda que trasciende sus propios intereses. Las proyecciones generan mucha suspicacia. Se dice que el BRI está en línea con su afán de dominar el mundo, que es ariete en la disputa comercial que mantiene con EEUU, o que expresa la intención china de reverdecer sus glorias del pasado. Puede que haya un poco de todo eso; ninguna actividad de esa envergadura es químicamente pura. Sin embargo, dado el grado de sutileza con que se suelen manejar las relaciones internacionales, es difícil pensar que 150 (¡) países asistieran al lanzamiento solo por una cuestión de cortesía. Muchos de los convocados no tienen problemas de infraestructura, como en el caso de los europeos que asistieron en tropel, incluso Suiza que rara vez sale de su casa. Las obras son ejecutadas y financiadas por la RPCh.

La Nueva Ruta de la Seda está logrando resultados asombrosos con sus proyectos, algunos ya finalizados. La movida, con epicentro obvio en territorio chino (aunque más bien en el continente asiático), se condice con modificaciones de envergadura que se están produciendo en la región. La nueva infraestructura de conectividad facilitará el manejo eficaz de las comunicaciones con vistas a la plena utilización de los recursos materiales y digitales que ofrece la ciencia y la tecnología. Hoy por hoy para ver la marcha de la globalización hay que poner el foco en el continente euroasiático, sobre todo ahora con la grieta global que imponen las medidas sancionatorias de Occidente a consecuencia de la Guerra de Ucrania. El BRI finaliza en 2049.

Las políticas de Occidente

Pensado como alternativa a la Nueva Ruta de la Seda, Joe Biden presentó el programa Build Back Better World (B3W) en la reunión del G7 de Carbis Bay (UK) en junio de 2021. El objetivo es catalizar el financiamiento para infraestructura de calidad del sector privado y alentar las inversiones que apoyen la conectividad, el clima, la seguridad sanitaria, tecnología digital y equidad e igualdad de género. La propuesta se basa en Blue Dot Network (BDN) que es, a su vez, un programa de Estados Unidos, Japón y Australia que se propone configurar una red global a través de financiamiento basado en préstamos para construir carreteras, puentes, aeropuertos, puertos, centrales eléctricas. La función específica de Blue Dot Network es proporcionar evaluación y certificación de proyectos de desarrollo de infraestructura en todo el mundo sobre condiciones de transparencia financiera, sostenibilidad ambiental e impacto en el desarrollo económico, con el objetivo de movilizar capital privado para invertir en el exterior. En su cometido es similar al Global Infrastructure Hub (GIH) una iniciativa del G20 con sede en Australia. Tanto el BDN como el GIH (y otros que puedan surgir) son instancias reguladoras insoslayables para la viabilidad de los proyectos de IC global porque son entes, normalmente vinculados a organismos multilaterales como el GBM, la OECD, etc., que –en función de un logicial de consenso- les pondrán el “sello de mérito” a los proyectos para el acceso a las distintas fuentes de financiamiento y la transparencia en la ejecución.

En el portal de la Casa Blanca con motivo de la Cumbre de las Américas celebrada en Los Ángeles del 6 al 10 de junio de 2022, se destacaba una solapa con la consigna “reconstruir mejor” (Building Back Better) en clara alusión al B3W. Por su parte, el influyente Asesor de Seguridad Nacional Jake Sullivan, en el vuelo hacia dicha cumbre, dio una conferencia de prensa en la que precisó que “una de las cosas de las que hablará con los líderes de la región es una asociación de infraestructura global que planteó [el presidente Biden] por primera vez en el G7 el año pasado y que lanzará formalmente en el G7 de este año en solo unas pocas semanas. Eso incluirá proyectos emblemáticos de las principales geografías de todo el mundo, incluidas las Américas”.

Efectivamente, poco después, en la Cumbre de Líderes del G7 en Schloss Elmau, Alemania, del 26 al 28 de junio de 2022, los líderes lanzaron formalmente la Asociación para la Infraestructura y la Inversión Globales (PGII) para movilizar cientos de miles de millones de dólares y ofrecer infraestructura sostenible y de calidad que marque la diferencia en la vida de las personas en todo el mundo, fortalezca y diversifique las cadenas de suministro, cree nuevas oportunidades para los trabajadores y las empresas, y promueva la seguridad nacional en situaciones de emergencia.

El presidente Biden anunció en la oportunidad que EEUU tiene como objetivo movilizar U$S 200.000 millones para PGII durante los próximos 5 años a través de subvenciones, financiamiento federal y apalancamiento de inversiones del sector privado. Junto a los socios del G7, el objetivo es movilizar U$S 600.000 millones para 2027 en inversiones de infraestructura global. El G7 buscará movilizar capital adicional proveniente de otros países afines, bancos de desarrollo e instituciones financieras, y fondos soberanos de inversión. El PGII se fundamenta en cuatro pilares prioritarios que se pueden ver en las citas

Por su parte, la Unión Europea ha creado Global Gateway, una nueva estrategia europea para impulsar vínculos inteligentes, limpios y seguros en los sectores digital, energético y del transporte, así como para potenciar los sistemas de salud, educación e investigación en todo el mundo. El programa está movilizando hasta 2027 € 300 000 millones en inversiones. Son principios de Global Gateway: • Inversiones inteligentes, transparentes y seguras en infraestructuras de calidad, • conectar de forma sostenible a personas, bienes y servicios en todo el mundo.

Obras y algo más

Ambas presentaciones, B3W y Global Gateway, están inspiradas en la intención de competir con BRI a partir de su expansión, sobre todo en el hemisferio occidental. Sin embargo, tanto de un lado de la grieta como del otro, han existido opiniones tranquilizadoras en el sentido de que todos los programas de IC no solo pueden coexistir sino que hasta pueden colaborar. Dentro de China, los funcionarios parecen haber acogido favorablemente a B3W. «China cree que hay un amplio espacio para la cooperación en el campo de las infraestructuras globales, en lugar de que varias iniciativas compitan entre sí o se sustituyan», dijo Wang Wenbin, portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores chino. Por su parte, el viceministro de Asuntos Exteriores, Le Yucheng, también se refirió diplomáticamente al anuncio de B3W, al afirmar que China «no excluiría los buenos planes de cooperación de otros países».

Comparando las iniciativas, en un interesante trabajo de Paratz y Bocco, se admite que “aunque queda clara la intención del G7 de contrarrestar los esfuerzos que China viene realizando desde el lanzamiento en 2013 de la Nueva Ruta de la Seda, las dos iniciativas parecen más complementarias que competitivas y en ambas se vislumbra una motivación geopolítica por detrás de las motivaciones económicas – comerciales.”

En realidad lo que hay que ver es si la realización de las obras que contemplan estos megaprogramas crea dependencia o, al revés, son las influencias preexistentes las que facilitan los contratos y las adjudicaciones en las licitaciones. China, en ese sentido, tiene el poder de la billetera y las órdenes de compra de commodities. La prueba está en que 150 países se han adherido a la Nueva Ruta de la Seda, entre ellos la Argentina . Por su parte los países del G7 no se quedan atrás: tienen relaciones privilegiadas con nuestro país desde hace muchos años. Al respecto, una secuencia reciente de reuniones lo muestra.

En el mes de febrero, los embajadores en la Argentina de los países que forman el G7 realizaron una reunión de carácter reservado para ver las propuestas a tratar en la reunión del Grupo que iba a tener lugar 4 meses después. Esencialmente, el motivo de la convocatoria residió en los proyectos que el G7 quiere impulsar en la Argentina, tal como trascendió en la prensa . «Nos encontramos como representantes del G7 en Argentina para intercambiar observaciones en el área de la política internacional y sobre el desarrollo de la situación geopolítica en la región” escribió en su cuenta de Twitter el embajador alemán que ofició de anfitrión del encuentro.

Reunión de trabajo de los embajadores del G7 en Buenos Aires. Febrero 2022

Al mes siguiente los diplomáticos se reunieron con el Canciller Cafiero para trasmitirle los resultados del encuentro.

Informan al Canciller los mismos embajadores del G7. Marzo 2022

Finalmente, el presidente Fernández participó de la reunión del G7 celebrada en Alemania. En la misma, tal como había sido anticipado en febrero, se lanzó la iniciativa que los líderes titularon -como hemos visto- Asociación para la Infraestructura y la Inversión Globales (PGII) construida sobre la base de la propuesta de EEUU del Build Back Better World (B3W).

El presidente en la reunión del G7 en Alemania. Junio 2022.

En las relaciones internacionales, las cuestiones referidas a la concepción de la infraestructura de conectividad global, que van adquiriendo creciente significación, no generan grandes incongruencias. Es como el NetZero en lo referido al cambio climático: nadie se opondría a la misión estratégica de cambiar la matriz energética. Hay una lógica, claramente derivada del funcionamiento del G20 (cuando el Grupo no estaba afectada por los conflictos actuales), que refleja el espíritu de consenso de los líderes globales.

¿Qué tienen de común los distintos programas?

  • Las obras crean puestos de trabajo, facilitan inversiones público-privadas y proveen contratos a las empresas constructoras.
  • Las obras pueden ser para renovar lo existente, afectado por deterioro o disfuncionalidad, o para generar nuevos servicios. En el primer caso, aparece como un ejemplo el de la necesidad de EEUU de renovar su infraestructura envejecida . Normalmente, cuando la infraestructura está hecha con buen criterio, mejoran el hábitat, se incrementa el bienestar comunitario; son símbolo de progreso y modernización en el imaginario social.
  • Facilitan el comercio al ampliar la base material de los mercados. La infraestructura heredada de situaciones de dependencia, sobre todo las más viejas de la época del colonialismo, estaban concebidas para sacar riqueza por los puertos y enviarla a las metrópolis. Las funciones sinérgica del mercado, expresadas principalmente por los vínculos horizontales, no existían. Es emblemático el caso de la red ferroviaria de la provincia de Buenos Aires, en forma de embudo, que poco ha sido vista como un problema.
  • Abordan los aspectos comunicacionales del territorio. Se impone otro formato. Pasar de lo radiocéntrico a lo reticular. El modelo chino es totalmente nuevo desde lo territorial a pesar de la endiablada geografía de ese país. Sobre la red ferroviaria de la provincia de Buenos Aires se sustentó el modelo agroexportador; todos los recorridos en nuestro país terminaban en el puerto de Buenos Aires.

La ordenación china en materia de ferrocarriles, rutas, puentes y puertos, diseñada y construida en los últimos años, sigue el trazado reticular, donde la trama y la urdimbre privilegian la amplia vinculación entre todos los puntos de la geografía. La diferencia entre ambas morfologías es que la nuestra afecta el equilibrio territorial que es, desde la dinámica de los sistemas, la principal dimensión capaz de condicionar el desarrollo integral de un país o una región. En el caso del comercio, una estructura en red aumenta las opciones para la realización de las transacciones. En promedio, es proporcional la relación que se establece entre las opciones de una infraestructura en red y las sinergias que determinan la amplitud y el crecimiento de los mercados. Lo muestra la conformación informativo-comunicacional dominante en los países desarrollados que tiende a la descentralización reticular de los flujos vectoriales.

Estamos ingresando a un mundo en acelerado cambio y, mirando debajo del agua, con un altísimo grado de determinación. En los foros de consenso de los setenta se decía “el futuro no se enfrenta, se construye”. Era la época en que la prospectiva (matemática, computación, imaginación y talento) levantaba vuelo. Por eso hoy, con una ciencia madura, el planeamiento estratégico permite que lo posible, probable, deseable y factible, se proyecte por décadas. Son los programas los propios autores de esos cambios y, al mismo tiempo, sus actores protagónicos. En las materias clave -infraestructura y clima- las metas están en la pantalla. Para el 2050 ya habrá colonias en Marte habitadas por terrícolas.

La globalización, al ser un fenómeno gravitatorio del que somos parte, no se detiene, nos envuelve, está ahí para ser usada. Depende del ser humano qué hacer, no con ella sino en ella. Se mueven todas las dimensiones, no solo la económica y comercial. La grieta confunde; es solo el truco de una ingeniería socioeconómica que dibuja las megatrends. Se ha establecido una emulación capaz de mover las gigantescas herramientas y administrar los recursos que la globalización ha generado y reunido para resolver el principal tema remanente de la humanidad: la pobreza en un mundo pletórico de riqueza.

Culminará la reformulación de la matriz energética que ya ha comenzado y se acelera con la crisis del gas y el petróleo. El NetZero del cambio climático será el gran corsé capaz de afectar de raíz la vida de las sociedades. Y la transformación en red de la configuración infraestructural es clave para dar sustentabilidad a los inputs compulsivos que nos condicionarán sin prisa pero sin pausa. Mientras tanto, en el día a día, seguiremos acarreando la sensación mediática de que nada pasa, todo es igual nada es mejor…y estoy perdido aunque venga a ofrecer mi corazón.

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