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domingo, mayo 22, 2022
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Hidrovía: la joya en disputa de una familia disfuncional

Nadie sabía de su existencia hasta que a uno se le ocurrió hurgar en el viejo placar y toda la parentela le cayó encima. Este paso de comedia italiana podría ser la metáfora perfecta de lo que está sucediendo con la Hidrovía Paraná-Paraguay.

El debate público sobre el principal activo logístico del país atrajo la atención de nuevos actores y  nuevas  voces con la intención de influir en el proceso de elaboración de las bases y condiciones de una de las licitaciones más relevantes para Argentina.

En la licitación, no solo se define quien draga, sino también  se discute  la extensión del tramo a intervenir, el programa de obras de profundización y mantenimiento y de ayudas a la navegación, el sistema de financiamiento, y sobre todo la construcción de una  gobernanza que  potencie el interés nacional  instalando el concepto de Hidrovia como eje de desarrollo integral y no como un canal al servicio de intereses solo comerciales.

Para esto hay que dotar a la Hidrovia de un  órgano de efectivo control y el sustento de una coalición público-privada que la ponga en línea con un proyecto político que saque al país de la crisis crónica cuya solución parece cada vez más lejana.
 
Es erróneo partir del concepto de que esta vía es generadora de beneficios solo para los intereses del campo porque además de la exportación de granos y subproductos la usan otros tantos sectores como los dedicados a la comercialización de combustibles para el abastecimiento de energía, la industria automotriz, las terminales de  contenedores, el biodiesel, cargas para la industria metalúrgica, cargas proyecto, cargas de nicho, especialities, y un sinnúmero de actividades fundamentales para el tejido social.

Asociar la Hidrovía a intereses “antinacionales” o solamente sectoriales del campo, es desconocer la contribución que hace al país, por lo pronto, garantizando el ingreso de divisas producto de las exportaciones que contribuyen fuertemente a la superación de la restricción externa. Todos hablan de la joya pero nadie sabe decir si es un diamante, un rubí, un zafiro o esmeralda.

Ahora, el debate de la Hidrovía ingresa a un tercer momento; una pugna entre actores que plantean reivindicaciones lógicas como los gobernadores y las ciudades ribereñas, que tienen legítimos intereses y que presentan iniciativas para mejorar la relación región-puerto.

Además, se suman otros colectivos que muchas veces defienden un interés también legítimo pero con categorías que no se adaptan a las condiciones del mundo actual y no porque haya ocurrido el “fin de la historia” o haya un mundo unipolar con ideología hegemónica, ni mucho menos.

Sino porque estos actores políticos, hasta ahora ausentes, aparecen con virulencia y en muchos casos asignando sentidos incorrectos al escenario donde se quiere intervenir.

El ejemplo más claro de ello es la instalación de la antinomia “soberanía vs privados” atribuyendo una causa nacional a la construcción de canales de navegación que requieren de eficiencia técnica para favorecer mejoras logísticas. Para decirlo más claro, es como querer decidir sobre el trayecto de una nueva autopista en base al análisis de Lenin sobre el derecho de las naciones a la autodeterminación.

¿En qué momento se pone a prueba la soberanía nacional cuando se toman decisiones en base a conveniencias técnicas y científicas que permiten mayor provecho para vender al mundo?

De hecho, a algunos de estos grupos o referentes que los representan se les podría reprochar la ausencia de un sentido federal con la intención de concentrar la carga en Buenos Aires como lo pensaron ingleses y franceses a principios del siglo XIX.

Pero como la idea de estas líneas es evitar estos debates inconducentes, la renovación de la concesión lejos de ser un problema de soberanía tiene la necesidad urgente de discutir un proyecto logístico nacional que integre los distintos modos de transporte, que incluya la armonización de la vía navegable troncal con el resto de las vías navegables y el entramado de puertos públicos optimizando el sistema de consorcios o entes portuarios dispuesto por la ley de puertos.

La tarea es demasiado grande para detenernos en peleas etéreas y la joya es grande pero delicada, cuidémosla.

Ángel Elías
Ángel Elías
Ex Presidente del Ente Administrador Puerto Rosario (ENAPRO) y Ex Presidente del Consejo Portuario Argentino.

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