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domingo, mayo 22, 2022
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Las Marinas Mercantes tocaron fondo

El tiempo pasa y cada vez está más lejos la recuperación de nuestras marinas mercantes. Ya no se trata de problemas puntuales que las atañen en particular, sino que son problemas muchos más complejos que involucran a nuestra política económica en general. Por lo que se recomienda capear hasta que amaine.

A principios de este año la noticia del cambio de bandera del remolcador “Piray Guazú” provocó una catarata de reclamos, principalmente del sector gremial, quienes llegaron hasta amenazar al gobierno con una huelga general si no se evitaba dicho cambio de bandera. Como respuesta, los principales gremialistas fueron recibidos por el Presidente de la Nación, quien les prometió encargarse del tema. La euforia que provocó dicha reunión fue tan exitista hasta el punto de manifestar que “… el tema ya está instalado a nivel presidencial…”, como si ello significara que a partir de entonces todo estaría solucionado, como si algo tan complejo se soluciona con amenazas y prepotencia.

Seguidamente apareció una fugaz e insólita noticia sobre que “… el gobierno analiza la
alternativa de fijar un porcentaje progresivo de reserva de carga para buques de bandera
nacional y beneficios impositivos similares a los que se aplicaron para la minería. Que se
empezaría con un mínimo de 5% de carga obligatoria para embarcaciones argentinas, con una reducción de costos con la rebaja del IVA, Ingresos Brutos y el Impuesto al Cheque, por ejemplo”.

De ser cierto esto, además de ser ambiguo e inexacto, linda el disparate. No se sabe a qué tráfico se refiere la “reserva de carga progresiva”. Si se refiere al cabotaje nacional, esto no es necesarios porque la Ley de Cabotaje reserva el 100% de las mismas para la MM argentina.

Si se trata del transporte que se realiza por la Hidrovía, hay que considerar que es un transporte fluvial internacional. Paraguay, Brasil y Bolivia jamás van a aceptar que Argentina decida unilateralmente reservar sus cargas para que sean transportadas por buques argentinos. El acuerdo Hidrovía Paraguay-Paraná crear el concepto de “reserva de carga regional” (Art. 10), reservando las cargas internacionales que por él se transportan solo para los armadores de los países signatarios, no reserva cargas para ninguna de las banderas en particular, por lo cual, una carga entre los puertos de Asunción y Montevideo solo puede ser transportada por barcos de los países de la hidrovía, no permitiendo que lo hagan buques de bandera de conveniencia. O sea que es libre la contratación de los servicios del flete entre los armadores de la hidrovía, por lo cual de hecho consagra la “libre contratación”. Por lo tanto, nada impide que un barco argentino sea contratado para transportar cargas entre Asunción y Montevideo.

Si se trata del transporte de ultramar, tampoco podemos obligar a los compradores del exterior a que sus compras sean transportadas en buques argentinos. A lo sumo se podrá exigir a los importadores argentinos a que sus cargas sean transportadas en buques argentinos, lo cual tiene sus consecuencias.

Hasta hace poco tiempo abrigaba la esperanza de que algo se podía hacer. Que primero había que trabajar sobre un proyecto de investigación, separando la marina mercante argentina en sus tres componentes, la de cabotaje fluvial, la de cabotaje marítimo y la de ultramar, por el hecho que cada una de ellas interviene en mercados diferentes, donde enfrentan competencias distintas. Luego determinar cuáles son sus ventajas comparativas y competitivas, sus fortalezas y debilidades y recién entonces se estaría en condiciones de saber cuáles y cómo podríamos desarrollarlas. Tampoco debemos olvidar la importancia de crear en el MERCOSUR un “cabotaje marítimo” al estilo de la Unión Europea, lo cual representaría un nuevo desafío para recuperar nuestra MM de ultramar.

Sin embargo, entiendo que nuestras marinas mercantes han tocado fondo, pues ya no se trata de problemas puntuales a resolver, sino que se trata de algo más profundo, un problema que involucra a la economía argentina en general, lo cual quedó al descubierto con el cambio de bandera del “Piray Guazú”.

Paraguay no es solamente un país con un régimen de bandera mucho más favorable que el
nuestro para el armador, es un país sin inflación que permite al inversor evaluar sus inversiones a largo plazo; es un país sin “cepo cambiario” que permite al empresario disponer libremente de sus ingresos; es un país con un “riesgo país” normal que permite al inversor acceder a créditos internacionales con tasas razonables; y por sobre todo, es un país con más credibilidad que el nuestro en cuanto a políticas económicas.

Pasan los días y no esperemos milagros, lo cual no significa que debemos claudicar en nuestros deseos de recuperar nuestras MM. Debemos seguir debatiendo para consolidar ideas y estar preparados, el rescate seguirá esperando hasta que amaine.

José Mazondo
José Mazondo
El autor es Prefecto Principal (RE); Licenciado en Administración Naviera; Magister en Relaciones Comerciales Internacionales; ex Catedrático (UdeMM; UTN; IUSM-PNA); ex Capitán General de Puertos; ex Jefe de Gabinete de la AGP; autor de diversos libros.

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